Un director experimenta en cada película / Sydney Pollack

Existe una gramática del cine, una gramática básica de la que se parte. Siempre. Y creo que es importante aprender primero la gramática. Si no, es como si dijeras que eres pintor abstracto porque no sabes pintar algo real. Es como empezar la casa por el tejado. Puedes establecer tus propias reglas, y puedes romper todas las reglas que quieras –la gente lo hace todo el tiempo–, pero creo que, antes de hacerlo, necesitas entender la gramática básica. Las reglas te proporcionan un patrón, una referencia, de la que puedes partir para crear luego algo original.

Por ejemplo, si quieres crear tensión o conseguir que el público se sienta incómodo, puedes contravenir deliberadamente las reglas de composición, y hacer que un personaje mire hacia el lado corto del fotograma y no hacia el lado largo. Hacer algo así desequilibra un poco la imagen y puede generar la tensión que  necesitas, pero sólo te haces una idea de lo que supone si antes aprendes qué es un fotograma equilibrado.

En cualquier caso, creo que hay un grado de experimentación en cada película. En They Shoot Horses, Don’t They?, por ejemplo, aprendí a patinar y utilicé una cámara de paracaidismo acrobático montada en un casco para filmar algunas de las secuencias de baile, porque en aquella época no existía la Steadicam y la maquinaria era demasiado pesada para hacer determinados movimientos. Teníamos unas enormes dollies que requerían veinte maquinistas para empujar un solo cámara sobre un taburete; era ridículo. En Out of Africa, me enfrenté a un gran problema de iluminación, porque descubrí que, cerca del Ecuador, la luz es muy fea. Es una luz directa y desnuda, con un enorme contraste. Era espantoso ver las pruebas que hicimos con el material habitual. De modo que decidimos experimentar y retrocedimos, es decir, utilizamos la película más rápida que encontramos, que rondaba los 3000 ASA. Tuvimos que subexponerla bastante, por supuesto, pero era tan bajo el contraste que dio a la película una apariencia muy suave. Y, los días nublados, usamos la película más lenta que teníamos, la sobreexponíamos dos puntos y la imprimíamos, con lo que conseguimos una imagen más rica.

Otra película donde experimenté fue en The Firm. Decidí que no hubiera ningún plano de la película sin movimiento. En todos los planos de todas las escenas, el operador de cámara, John Scale, siempre ponía la mano en el zoom o en el cabezal del trípode y movía un poco la cámara. Casi resulta imperceptible, y lo hizo tan despacio que sólo te das cuenta si lo sabes. No obstante, creo que contribuye a generar la sensación de inestabilidad que necesitaba la trama. Y, realmente, la única razón para experimentar debe ser ponerlo al servicio de la historia. Si pruebas las cosas sólo porque crees que va a quedar bien, me parece una pérdida de tiempo.

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